J. Alfredo Díaz G.

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EL PROFESIONAL. Jesús Alfredo Díaz García nació en España en marzo de 1949. En el año 1968 ingresó como cadete en la Escuela Náutica de Venezuela bajo el régimen de internado paramilitar. En 1971 se graduó con honores como oficial de la marina mercante, especialidad de navegación, siendo el primero de su promoción. Durante esa época perdería a su hermano menor en un accidente con un revolver. En 1974 obtuvo la certificación de Programador de Sistemas IBM 360, lenguajes RPG y COBOL. Mientras trabajaba en los diques y astilleros de Puerto Cabello, Venezuela, en el período académico 1975-78 realizó estudios de ingeniería técnica en la especialidad de Mantenimiento Mecánico, en el Instituto Universitario de Tecnología Industrial, Valencia, Venezuela. En 1988 obtuvo la licenciatura en Ciencias Náuticas por el Instituto Universitario de la Marina Mercante. En 1989 cursó para grado superior en la Escuela de Estudios Superiores, Escuela de Postgrado del I. U. de la Marina Mercante. Desde el año 2001 es licenciado en Derecho por la Universidad Santa María, Venezuela, donde también se graduó con honores. En ella, al año siguiente realizó estudios de posgrado en Derecho Administrativo. Múltiples estudios. En el medio de todos esos años de estudios y una larga experiencia laboral en diversos sectores, él acumula más de cuarenta cursos profesionales diversos en áreas tales como computación, relaciones humanas y manejo de personal; derecho, temas marítimos, oratoria y otros diversos. Profesor y conferencista. Entre 1980 y 1995 impartió múltiples cursos y diversas conferencias en Venezuela y España. Condecoraciones recibidas. Además de la Orden de Mérito al Trabajo en su Tercera Clase, que recibió en 1992, de su larga actividad profesional como oficial de la marina mercante, entre los años 1988 a 2000 recibió nueve condecoraciones de diversas clases y grados. LA PERSONA. Jesús Alfredo Díaz García nació en el seno de una fa-milia de mineros de carbón y campesinos, en el pueblo de Agüeria, de la parroquia de Moreda de Aller en un valle de la cuenca del río Negro en las verdes montañas de Asturias. A raíz de la emigración de sus padres a Venezuela, a los cinco años fue llevado a ese país en donde vivió hasta los diez. A esa edad, y luego de una delicada operación, fue enviado de vuelta a España para estudiar interno en el colegio La Salle en la ciudad de Palencia. Corría el año académico de 1962. De esa época él dice: «Allí me resultó interesante ver la forma en que las palmas de mis infantiles manos se encallecían. En parte fue por tanto jugar al frontón y, en parte, por los azotes en ellas con una vara, de la que algún que otro hermano era aficionado al uso como medio correctivo porque "la letra con sangre entra", decían ellos». Tres años después, también bajo el régimen de inter-nado, para comenzar el cuarto año de bachillerato pasó al colegio Santo Domingo de Guzmán en Oviedo, donde estuvo junto con su hermano menor. De esta otra época refiere: «Yo descubrí que la velocidad de la mano de un padre dominico puede ser superior a la capacidad de captación del ojo humano. Sobre todo cuando esa mano está dirigida, no a bendecirte, sino a darte un hostiazo de padre y señor nuestro. Con todo y eso fueron mis años más hermosos; no por el colegio, precisamente, de cuya vida tengo buenos recuerdos a pesar de todo, sino por mi vida cuando no estaba en él». Por voluntad de sus padres, que no de la suya, a la edad de dieciséis años volvió de nuevo a Venezuela, país donde ya asentaría raíces y realizaría todos sus estudios y correría su vida laboral activa. Una vez graduado navegó como oficial de cubierta durante unos pocos años en buques petroleros, así como en la Draga Icoa, buque dedicado a operaciones de dragado a lo largo del río Orinoco. Al final de este ciclo profesional ingresó en el Cuerpo de Pilotaje venezolano, y fue piloto-práctico como navegador en el río Orinoco. Luego pasó a ser práctico de puerto en la ciudad de Puerto La Cruz, en donde ya correrían los años y se jubilaría. En esa Capitanía de Puerto ejerció también diversos cargos administrativos, entre ellos el de Capitán de Puerto Adjunto. Ya jubilado se residenció en España, su país natal, y decidió desempolvar sus cuentos y novelas y dedicarse a ser escritor a tiempo completo. Desde entonces acá ha publicado once títulos: ocho novelas, dos colecciones de cuentos y un poemario que recopila sus obras. LA OBRA LITERARIA. Durante su adolescencia en la época de estudiante en España, él incursionó de manera muy favorable en el dibujo y la pintura, y ganó varios premios colegiales descollando también como calígrafo. A los catorce años se inició en la literatura con lírica y prosa, géneros en los que logró sobresalir a nivel colegial. Persistió en la poesía hasta 1973 en que, definitivamente, siguió nada más que con la narrativa. De un centenar de poemas escritos, a los años de colegios y diversas mudanzas le sobreviven unos ochenta, que son los que recoge en su antología poética titulada: «Los molinos de mi mente». En narrativa, de sus veinticuatro cuentos fue divulgando algunos en su primer blog personal, «El guardián del faro», que llegó a sostener cien mil visitas mensuales y que aún mantiene vivo desde el año 2005, aunque ya en un nivel secundario. Con él fue que incursionó en Internet, precisamente para publicar su cuento más sentido, el titulado «Mucho más que un gato» del que, mientras llevó el conteo los primeros años, se descargó y difundió más de cien mil veces. Lo escribió para dar un grito de protesta contra la crueldad animal, a raíz de que le envenenaran a su querido gato Mínimo, al que rescató siendo un cachorrito abandonado con pocos días. Algunos de esos cuentos fueron republicados en formato de eBook en el Internet Archive. La novela «La mina del espíritu errante» ha sido su pequeño tributo a su padre y familiares mineros y a todos los miles de hombres, mujeres y niños que han dejado sus vidas en las minas. Esta novela, según él alega, la escribió para descansar entre la primera y la segunda parte de su tetralogía «Almas gemelas». Porque como él dice: «Para descansar de tanto escribir una larga novela escribo otra distinta». En suma: que él para descansar de escribir escribe. Es por eso que no es nada raro encontrarlo trabajando en dos o tres obras a la vez. Como él indica en la sección de novelas en preparación, en su blog de escritor, mantiene varias en el tintero haciendo la cola para ser escritas. No obstante, hay que aclarar que para él no todo es escribir, ya que tiene múltiples aficiones. Usualmente también le dedica tiempo a otro de sus amores: la fotografía, y es aficionado al senderismo, al ciclismo urbano y al patinaje en línea, deporte este que no deja de practicar con asiduidad. EL VOLUMEN DE LA OBRA. Decir que este escritor ha publicado once títulos es quedarse muy corto, porque se trata de una cantidad que hay que tomar con ciertas reservas. La ópera prima de sus novelas es la tetralogía «Almas Gemelas». De ella, la segunda parte titulada «Amina y Záhir» llegó a cubrir 3.000 páginas. Originalmente fue publicada en cuatro volúmenes con más de 800 páginas cada uno. Posteriormente, por motivos prácticos y editoriales se dividió en ocho tomos, al igual que dividió en dos otras de sus novelas de igual cantidad de páginas. Hasta el momento, esos once títulos representan un total de 10.300 páginas en libros de formato 6" x 9". Dicho de otra manera: más de 2.000.000 de palabras y 13.584.000 caracteres con espacios. Se dice pronto. Sobre su novela «Amanón», la cuarta parte de su tetralogía «Almas gemelas», él comenta: «Es la más erótica de cuantas he escrito. Yo no tuve la menor intención de que fuera así. Ocurrió que Amanón resultó ser mucho más sensual y desinhibida de lo que yo pensaba. Pero no me arrepiento del resultado ni cambiaría nada». En este sentido del erotismo fino, tanto «Amina y Záhir» como «Amanón» le sirvieron de práctica para sus novelas románticas. En la serie de cinco tomos de «Toda una vida sin ti» y en «Amor en Tánger», nos vuelve a deleitar con algunas escenas tan memorables como la del helado de vainilla italiano en esta última. J. Alfredo Díaz G. es un escritor muy detallista, que maneja de forma fluida tanto la narrativa como los diálogos, a quien le resulta sencillo envolver al lector completamente en la trama. Le gustan los detalles costumbristas, en donde caben, dejar pequeños y sutiles rastros de migas de pan y mantener al lector con la expectativa de lo que vendrá. En la mayoría de sus obras podemos encontrar amplios conocimientos de metafísica, muchas veces encubiertos; parasicología y buena dosis de espiritualidad. No pueden faltarles los hechos surrealistas, mágicos, maravillosos y fantásticos, que él considera tan necesarios en este estilo de realismo mágico que tanto le gusta escribir, tanto en sus novelas ubicadas en la actualidad como en las medievales. Raramente el lector terminará una de sus novelas sin saber algo más que cuando la comenzó. En sus obras las mujeres distan mucho del viejo este-reotipo de sumisión y debilidad más bien victoriana. Al contrario, como se puede ver a lo largo de su tetralogía «Almas gemelas», dentro de la dulzura y sensual feminidad con que él las inviste, ellas se erigen como mujeres fuertes, inteligentes y plenas de liderazgo. Todo ello sin perder la divina esencia femenina y maternal, como el autor dice, y ellas se levantan con los papeles determinantes dentro de la obra. Esta situación queda bien palpable en la novela que completa la cuarta parte de su tetralogía, en la que Amanón, su principal protagonista femenina, y las demás mujeres relevantes de la obra, todas ellas de armas tomar, superan incluso a Amina y a las otras de sus novelas anteriores. Algunas de sus novelas quizás puedan contener múltiples subgéneros literarios, como las de la «Tetralogía Almas gemelas»; pero toda su obra rezuma un denominador común muy claro: el enaltecimiento de todo lo mejor de que es capaz el ser humano. Porque como él dice: «De toda la maldad y la crueldad a que es capaz de llegar el hombre, ya hay otros que se encargan de escribirlo; demasiados». A Jesús Alfredo Díaz García; Alfredo, como él prefiere que lo llamen, le gusta que en sus obras, además de emoción el lector encuentre paz, sosiego y tranquilidad interior y que termine su lectura con algo de esperanza, tan necesaria en estos tiempos. Quizás podríamos resumir su sentir y su filosofía existencial en dos de las expresiones que él utiliza tanto en sus obras: «Todo tiene su tiempo y nada puede ser adelantado. El secreto reside en estar atento a ese momento y saber reconocerlo». «De nada sirven todas las respuestas del mundo, si no sabes qué hacer con ellas». Toda la obra literaria del autor y mucho más, en su sitio web http://alfredodiazgarcia.com donde tiene otra biografía más informal, según su concepto, en la que deja clara su forma de ser, de sentir y de valorar la vida.

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